Cuando escribo de alguien es porque sinceramente lo conozco porque no quiero inventar nada, y hoy hablaré de los sueños de un negocio que lleva el sabor de Chalatenango a la mesa de las familias. Hoy hablaré de mi amigo Okelí Landaverde.

Hay sabores que forman parte de nuestra historia. En El Salvador, un desayuno parece no estar completo si sobre la mesa no hay crema, queso o cuajada. Una buena pupusa necesita un quesillo de calidad; un plato de comida puede acompañarse con queso fresco, queso seco o requesón. Son productos que no solamente alimentan: también nos recuerdan la casa, la familia, las reuniones y aquellos sabores que nos acompañan desde la infancia.

Y detrás de cada uno de esos productos también existen historias. Historias de personas que un día decidieron apostar por sí mismas, dejar la comodidad de un empleo y comenzar a construir un sueño con sus propias manos.

Esta es una de esas historias. Es la historia de Okelí Landaverde, un joven chalateco que entendió que emprender no era solamente abrir un negocio, sino atreverse a cambiar el rumbo de su vida.

Hoy, al frente de Lácteos y Carnicería Doña Elsa, Okelí ha convertido un sueño personal y familiar en un emprendimiento que busca llevar calidad, frescura y sabor a diferentes comunidades del norte de El Salvador.

DE LA AMISTAD A SER TESTIGO DE UN SUEÑO

A Okelí lo conozco desde hace muchos años. Éramos prácticamente adolescentes cuando la vida nos permitió coincidir, y con el paso del tiempo también coincidimos en las aulas universitarias, en viajes, reuniones, conversaciones, sueños y aquellas interminables charlas que suelen tener los jóvenes cuando todavía están tratando de descubrir qué quieren hacer con su vida.

Fuimos compañeros de universidad y, durante varios años, compartimos muchas experiencias. También fui testigo de una etapa que recuerdo con especial cariño: aquellos años en los que Okelí estudiaba y trabajaba al mismo tiempo.

Entre 2015, 2016, 2017 y los años posteriores, pude observar de cerca el sacrificio que hacía para salir adelante. No era sencillo combinar responsabilidades, estudios, trabajo y vida personal, pero él tenía algo que siempre lo ha caracterizado: las ganas de superarse.

Quizá en aquel momento no imaginábamos hasta dónde lo llevarían esas ganas. Muchas veces viajamos juntos. En otras ocasiones llegué hasta su casa, en el distrito de La Reina, para compartir con él y con su familia. Entre una conversación y otra fueron naciendo también esos lazos que solamente se construyen con los años.

De compañeros pasamos a ser amigos. Y de amigos, terminamos siendo dos chalatecos que siempre han encontrado una razón para conversar sobre la vida, los sueños y, sobre todo, sobre lo difícil que es salir adelante.

A Okelí también lo he visto fuera del negocio. Fui testigo de sus años universitarios, de sus jornadas de trabajo, de sus sueños y también de sus momentos de diversión.

Lo vi jugar fútbol con su famoso equipo Zeus de La Reina, compartimos viajes, reuniones y muchas historias que, si algún día las contáramos todas, probablemente más de alguno no las creería. Pero entre todas esas experiencias hay algo que permanece: La amistad.

CUANDO EL SUEÑO COMENZÓ A TOMAR FORMA

Hay decisiones que parecen pequeñas cuando se toman, pero que con el paso del tiempo terminan cambiándolo todo. Recuerdo que Okelí trabajo en algunos lados, recuerdo dos de ellos, cerca la universidad donde estudiaba y posterior tenía un puesto de trabajo que muchos considerarían normal.

Era ejecutivo y se había destacado dentro de una agencia bancaria, ya no tenia un rango medio, tenia una oficina propia donde recibía a clientes VIP, ahí coincidí con el en más de alguna ocasión, no porque yo fuera VIP, si no que por ser amigo pude entrar a ella.

Tenía un empleo estable, una posición importante y un camino profesional que perfectamente podía haber continuado durante muchos años.

Pero un día me dijo algo que todavía recuerdo: “Mire, William, yo quiero emprender y quiero tener mi propio negocio.” Aquella frase resumía una inquietud que ya llevaba dentro. Okelí quería construir algo suyo. Quería regresar a sus raíces, volver a su tierra y convertir su esfuerzo en un proyecto propio. Y así lo hizo.

Decidió regresar a Chalatenango y comenzar una nueva etapa. Con valentía, dejó atrás parte de aquella seguridad laboral para apostar por el emprendimiento.

Nació entonces Lácteos y Carnicería Doña Elsa, un negocio que lleva en su nombre un homenaje especial a su madre. Porque detrás del emprendedor también está el hijo. Y detrás del negocio hay una familia.

El nombre “Doña Elsa” no es casualidad. Es una manera de reconocer a una mujer importante en su vida y de mantener presente ese vínculo familiar que, de una u otra manera, también está detrás de cada paso que ha dado.

Cuando uno observa un establecimiento funcionando, con sus productos ordenados, clientes entrando y saliendo y mercancía lista para vender, muchas veces solamente ve el resultado. Pero pocas veces vemos todo lo que ocurrió antes: no vemos las madrugadas, no vemos las preocupaciones, no vemos las cuentas, no vemos los días difíciles, no vemos las veces que hubo que comenzar de nuevo y Okelí sí conoce esa parte de la historia.

Por eso, cuando nos reunimos recientemente, una buena parte de nuestras conversaciones volvió a ese tema que tantas veces hemos compartido: lo que cuesta la vida y el sacrificio que existe detrás de cada emprendimiento.

Coincidimos en que emprender es apostar cuando todavía no existen garantías, es trabajar cuando otros descansan, es aprender cosas que nunca imaginaste que tendrías que aprender. Es atender al cliente, revisar los productos, pensar en los proveedores, administrar, buscar nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, mantener vivo el sueño. Y eso es precisamente lo que ha hecho Okelí. También yo como William Ramírez lo sé, pero esa es otra historia.

Con el paso de los años, aquel sueño comenzó a crecer. Hoy Okelí administra directamente las sucursales de Lácteos y Carnicería Doña Elsa, llevando sus productos a diferentes puntos de la zona norte del país.

La presencia del emprendimiento se encuentra en lugares como:

📍 Placita Municipal de Tejutla

📍 Potrero Grande, sobre la carretera Troncal del Norte, junto a Súper Santa Fe

📍 El Poy, Citalá

📍 La Reina, su pueblo natal.

Lo que comenzó como una apuesta personal se ha convertido en una iniciativa que genera movimiento comercial y que busca acercar productos de calidad a las familias. Y quizá allí está una de las mayores satisfacciones de emprender: ver cómo una idea que alguna vez solamente existió en la mente comienza a convertirse en una realidad que alcanza a otras personas.

VARIEDAD DE LÁCTEOS 

Entrar al mundo de Doña Elsa es encontrarse con una variedad de productos pensados para acompañar la cocina salvadoreña.

La sección de lácteos de Doña Elsa cuenta con una amplia variedad de productos para disfrutar en familia, entre ellos cuajada, crema, requesón, queso fresco, queso seco, queso con chile, queso majado, queso duro blando, queso duro viejo, queso capita, quesillo nacional y quesillo nicaragüense, opciones ideales para acompañar los tradicionales desayunos salvadoreños, preparar unas deliciosas pupusas o darles ese toque especial a las comidas de cada día. Productos que tienen un espacio especial en la gastronomía salvadoreña y que forman parte de la alimentación cotidiana de muchas familias.

Porque basta pensar en una pupusa recién hecha, una tortilla caliente o un desayuno tradicional para entender la importancia que tienen los lácteos en nuestra mesa.

CARNES PARA CADA OCASIÓN

Pero Doña Elsa no solamente apuesta por los lácteos; también cuenta con una variada selección de carnes para quienes buscan abastecer su hogar o negocio.

En la categoría de res ofrece lomo, angelina, posta, hueso, costilla alta y carne molida; mientras que en cerdo dispone de lomo, posta, costilla, hueso y chicharrón.

Para los amantes del pollo, cuenta con muslo, pechuga y alas, una variedad pensada para facilitar las compras de las familias y atender las necesidades de sus clientes, siempre con productos frescos y de calidad.

Los productos se distribuyen al por mayor y al detalle, atendiendo tanto a las familias que buscan llevar los productos para su hogar como a clientes que necesitan abastecer sus negocios.

Actualmente, tiene distribución al por mayor y al detalle que se concentra en todas sus sucursales.

Entre los productos que forman parte de esta propuesta también está la Horchata Doña Elsa, una bebida en polvo preparada con ingredientes naturales y pensada para conservar ese sabor que recuerda a las bebidas hechas en casa.

La horchata es de esas bebidas que tienen la capacidad de reunir a la familia alrededor de una mesa. Un vaso frío, una comida recién preparada y la conversación de quienes queremos pueden convertir un momento cotidiano en un recuerdo.

Y quizá esa sea precisamente la esencia de Doña Elsa: no solamente vender productos, sino formar parte de esos pequeños momentos que ocurren alrededor de una mesa.

Y por eso escribir sobre Doña Elsa no es solamente hablar de una carnicería o de una tienda de lácteos. Es hablar de un amigo al que he visto trabajar por lo que quiere. Es hablar de aquel joven que, teniendo un buen puesto de trabajo, un día decidió decir: “quiero emprender”. Es hablar de alguien que entendió que regresar a su tierra no significaba retroceder. Al contrario. Significaba volver a sus raíces para construir desde allí su futuro.

La historia de Okelí Landaverde tiene un mensaje que va más allá de los productos que hoy se encuentran en las sucursales de Doña Elsa: habla de perseverancia, habla de valentía, habla de familia. Y habla, sobre todo, de creer en uno mismo.

Porque nadie puede garantizar que un emprendimiento será fácil. Lo que sí puede hacer una persona es levantarse todos los días con la decisión de intentarlo.

Okelí lo hizo. De aquellos años en los que estudiaba y trabajaba simultáneamente, pasó a ocupar una posición importante en el sector bancario. Y cuando muchos pudieron pensar que ya había llegado a un buen lugar, él decidió volver a empezar.

No porque estuviera obligado a hacerlo. Sino porque tenía otro sueño. Hoy ese sueño tiene nombre, tiene locales, tiene clientes y tiene una historia detrás. Se llama Lácteos y Carnicería Doña Elsa.

Con Okelí entendemos que Lácteos y Carnicería Doña Elsa es un emprendimiento nacido del esfuerzo, es un negocio inspirado en la familia, es una apuesta por las raíces chalatecas.

Y, sobre todo, una historia que demuestra que los sueños pueden comenzar con una conversación, convertirse en una decisión y terminar construyéndose con años de trabajo. Porque al final, emprender es eso. Atreverse a soñar, tener el valor de comenzar y trabajar todos los días para que ese sueño llegue a la mesa de los demás.

Y como amigo, como chalateco y como testigo de parte de este camino, solamente puedo decirlo con orgullo: Es un gusto y un honor tener un amigo como Okelí Landaverde.